El alquimista (1988), primer libro que le dio fama mundial, intenta mostrar que lo valioso en la vida es el esfuerzo, el forjarse cada cual a sí mismo en la búsqueda de un “tesoro”, un porqué vivir que colme las ansias del corazón; pero ese intento viril de su historia se transforma en almibarado cuento de magia. La contraportada afirma que esta obra ha sido comparada con El principito, pero más bien recuerda a Og Mandino en El vendedor más grande del mundo, y aunque el autor afirme que Borges es su ídolo literario, en su prosa pobre no se ve el más mínimo reflejo del argentino.
Este libro relata la historia de un joven pastor andaluz que un día dejó su rebaño de ovejas para emprender un viaje en el que aprendió a escuchar a su corazón y descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras.
Nos recuerda la incapacidad que las personas tienen para escoger su propio destino. Nos habla de la leyenda personal que cada persona tiene. Vivir la leyenda personal es la razón de vivir. Y cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo, tu sueño.
El jóven pastor viaja en busca de su tesoro escondido siguiendo las señales. Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir. Sólo hay que leer lo que Él escribió para cada uno de nosotros.
El Alquimista es comparado con otros libros conocidos como El Principito o Juan Salvador Gaviota. Con este viaje por las arenas del desierto, Paulo Coelho crea un símbolo hermoso y revelador de la vida, el hombre y sus sueños.

